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ENTREVISTA – GERALDO MORAES

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Uno de los principales puntos discutidos por los miembros de las coaliciones es la necesidad de avanzar desde la teoría hacia la práctica.

¿Cómo eso está ocurriendo?
Geraldo Moraes - Esa es de hecho una de las mayores preocupaciones de la Federación en general y también de cada coalición. Para ello, actuamos en tres direcciones. La primera se realiza desde la aprobación de la Convención de UNESCO. Trabajamos para que ese documento sea un instrumento para la promoción de la diversidad, que debe además ser efectivamente llevado en consideración en las negociaciones o acuerdos bi o multilaterales. La Convención puede ser la base para una nueva forma de derecho internacional en esa área. En seguida, la acción política efectiva en cada país, en el sentido de regular el mercado cultural convencional (salas de cine, canales de tele, venta de productos audiovisuales etc), defender las manifestaciones culturales locales y además promoverlas con proyectos de estímulo. Es importante que cada país encuentre su propio camino para la aplicación de esas políticas, apoyadas por la FICDC. La tercera acción es trabajar para la sistematización de los espacios que hoy están al margen del mercado convencional, promoviendo su publicidad y garantizando el seguimiento de la producción.

¿Cuál es el papel de los nuevos media en ese proceso?
GM – La revolución digital por la que pasamos ahora es fundamental. La multiplicación de “ventanas” de publicidad amplifica las formas como los productos culturales producidos de manera independiente son ofrecidos y se hacen disponibles. Hay que pensar que cada computadora es hoy una pantalla de cine y considerar el potencial de la oferta de equipamientos. Hoy un celular es al mismo tiempo una cámara y un medio de exhibición, y uno se lo puede acceder desde cualquier sitio. Ese proceso es irreversible, viene desde abajo hacia arriba, y es un gran promovedor de la descentralización de la producción cultural, lo que naturalmente crea el respecto a las culturas e identidades locales. En resumen, es un gran estímulo a la diversificación de fuentes de producción y formas de difusión. En ese contexto, las Coaliciones actúan como formas de integración y de intercambio entre los diversos sitios. La idea que he creado las Coaliciones vino de un movimiento de oposición a la expansión de la cultura estadounidense en otros países.

¿Cómo va la discusión de esa cuestión?
GM – Es importante darse cuenta de que en un primer momento fue natural que hubiera una posición no en contra de EEUU o de los artistas estadounidenses, sino que en contra de la política cultural de aquél país, la política liberal y de industrias culturales, editoriales y fonográficas. Esa es una cuestión que no puede ser puesta al margen, al mismo tiempo que los EEUU dominan gran parte de las industrias de cine y música mundiales, por ejemplo. Pero esa cuestión está relacionada mucho más a los sitios que tienen una industria cultural organizada – algo que no ocurre en la mayoría de los países. Otro punto a ser observado es que estamos hoy en un según momento, cuando uno quiere evitar que la lucha se restrinja al combate de una invasión y se vuelva una lucha para la promoción de la diversidad cultural. Tenemos que evitar la repetición de los mismos errores.

¿Y cuáles son esos errores?
GM – El principal es la reproducción del modelo estadounidense. Nosotros brasileños, por ejemplo, no podemos pensar que nuestro cine debería ser dominante en Latinoamérica. La verdadera diversidad proviene de la producción de cada sitio. En el caso de Brasil, lo vemos en la tele – hay un discurso nacionalista, que no respeta las diferencias regionales y posee una visión única del modelo cultural para todo el país. Es una hipocresía. La defensa de la diversidad no se detiene en la lucha por la identidad nacional frente a otras identidades. La verdadera lucha es en contra del monopolio, en contra de una forma de comercialización de productos culturales. La diversidad es cuando uno puede ver producciones de cualquier sitio sin que ello represente una amenaza a la cultura local.


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