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Coaliciones culturales son forma de luchar en contra de negocios ilícitos

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Definir la cultura como un bien distinto de los demás significa promover su diversidad y oponerse al pensamiento de que ella es parte de un mundo de consumo. Con esa proposición, las coaliciones, entidades creadas por un movimiento de la sociedad civil y órganos gubernamentales, empezaron hace poco menos de 10 años la lucha por la no inclusión de la cultura en las negociaciones económicas, sino que su incorporación en las formas de manifestación de los pueblos.

Hace una década, la OMC (Organización Mundial del Comercio) y otros órganos de control económico internacional actuaban para preservar el concepto de cultura exclusivamente como bien económico, siempre empleándola en negociaciones corporativas y dejando al margen su principal función, que es la expresión popular desconectada del dinero y centrada en la valorización de la identidad de cada región. Fue exactamente esa revuelta a favor de la creatividad y de la construcción de la identidad entre los pueblos que las coaliciones crecieron. La conquista del reconocimiento de la UNESCO, a través de la aprobación de la “Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de Expresiones Culturales”, en octubre de 2005, transformó este movimiento que antes era local en uno de nivel mundial.

El órgano entendió la diversidad cultural como una de las condiciones básicas para el ejercicio completo de la ciudadanía, además de su relevancia para la realización plena de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, trazando un canal de excelente destaque para las Coaliciones y también llamando la atención del mundo a la necesidad de crear condiciones sociales y económicas para su promoción en cada comunidad. De acuerdo con la definición del Presidente de la Coalición Brasileña para la Diversidad Cultural, Geraldo Moraes, “la diversidad cultural es una condición de la vida”. Con de esa manera de vivir, la entidad sigue su lucha.


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